Persiguiendo las Luces del Norte
Las auroras... a cualquier latitud, no son todas iguales y bajo sus luces, de veces en cuando, suceden cosas memorables. Hace ya muchos años en un pueblo a la orilla de la playa llamado Ostia, a pocos kilómetros de Roma, Italia, durante un alba roja como el fuego nacía Marco, un niño que tenía una luz especial en sus ojos, una luz que tal vez predecía su destino.
Una vida normal, en una familia normal, aunque él tenía algo particular que lo distinguía y se le fue notando cada día más... No solía jugar como cualquier niño y al no más haber aprendido a leer, abandonó casi por completo sus amigos y se dedicó a la lectura. Leía cualquier cosa, incansablemente, crecía leyendo y aprendiendo... y pronto descubrió que los libros que más le encantaban eran aquellos que hablaban de ciencias, mitos, misterios y leyendas.
Un día, en una vieja biblioteca, descubrió un libro que hablaba de los mitos y las leyendas sobre las Luces del Norte y de las que eran las primeras intuiciones científicas sobre en que consistían estas auroras polares y como se formaban estos fenomenos naturales... era un argumento perfecto para él…
Visitó todas las bibliotecas de su ciudad, compró decenas de libros que hablaban de las Luces del Norte o auroras boreales. Había conseguido algunas imágenes o dibujos y pasaba horas admirándolas, y no es que fueran de gran calidad, pero esto le daba más espacio a su imaginación, alimentaba más su sueño de, algún día, presenciar un espectaculo natural de tanta belleza como lo de las Luces del Norte. Hasta este nombre, Luces del Norte le parecía fantástico…
Además, su pasatiempo preferido era tomar fotografías y todo lo que era luz, lo fascinaba muchísimo. Lo máximo eran auroras y puestas de sol, cuando las luces, reverberando en los más variados colores, pintaban las blancas nubes y daba profundidad multi cromática hasta a sus sombras.
Terminada la universidad y siendo ya un biólogo, Marco descubrió otra pasión: viajar. A la muerte del padre recibió una cierta cantidad de dinero y decidió ir a conocer media Europa... Durante cuatro años no tuvo fija demora, aprendió idiomas y tomó miles de fotografías.
Una noche, mientras trataba de tomar sueño, planeando su aventura del día siguiente, se acordó de los libros sobre las Luces del Norte que había leído en su adolescencia y se volvió inquieto regañándose a si mismo de cómo era posible que se hubiera olvidado de las Luces del Norte y más, no se perdonaba por haber gastado todo su dinero en viajar en muchos países pero no hacía el Polo Norte.
Luego de pasar la noche insomnio se le iluminó la mente con una idea, la verdad, discutible… vender la casa que le había dejado su papá para viajar por el Polo Norte. Aquella misma tarde fue a la iglesia a pedir perdón a su papá y a Dios ...por si estaba por cometer una locura... e inmediatamente puso a la venta la casa.
Después de pocas semanas Marco estaba en un barco dirección Polo Norte, una maleta con pocas cosas personales, otra con los mejores libros y guías sobre las Luces del Norte y, por supuesto, su inseparable cámara fotográfica...
Las primeras semanas fueron muy duras, por empezar tuvo que acostumbrarse al clima frío del Polo Norte y a la comida …y también a la gente que lo miraba con desconfianza aunque si al conocerlo cambiaban y se portaban con gran amabilidad y hospitalidad. ...En todo esto, nada de luces, albas o auroras...
Aún así no se desanimó, pasó por muchas de las localidades mencionadas en sus libros sobre las Luces del Norte, poco a poco la suerte fue cambiando y logró presenciar unas cuantas auroras boreales. Fueron experiencias emocionantes pero, luego de haber leído e imaginado tanto sobre estas Luces del Norte, sentía que algo más grande debía esperarlo, que necesitaba más tiempo, más paciencia...
El único problema es que su dinero estaba por acabarse, fue entonces que le vino la idea de escribir artículos sobre la gente y costumbre del Polo Norte y sobre las Luces del Norte, claramente. Las enviaba a algunos periódicos y revistas, junto a sus primeras fotografías. Lo pagaban poco pero él se la ingeniaba para que el dinero le fuera suficiente para seguir visitando el Polo Norte.
La idea de escribir resultó buena también en otro sentido... se entrevistó con muchos ancianos del lugar que le contaron historias, mitos y leyendas sobre las Luces del Norte las cuales él podía dar a conocer al mundo que pero también le sirvieron de guía para descubrir los lugares y los momentos mejores para obserbar las Luces del Norte.
Una noche hizo etapa en un pequeño pueblito justo en las afueras de un bonito y extenso bosque y fue invitado a una pequeña fiesta familiar. Marco explicó con mucha enfasis que era lo que hacía en el Polo Norte, enseñó sus libros y su cámara fotográfica y, luego de pedir el permiso, aprovechó para hacer unas tomas a los presentes.
De repente, un viejo esquimal, que no le había quitado los ojos de encima por más de un minuto, le preguntó mirando su cámara: “De verdad quieres capturar las mejores Luces del Norte con esta caja rara con un ojo?”. Marco le contestó: “No me iré del Polo Norte hasta que mi alma y mi corazón no me digan que he fotografiado la mejor alba boreal de todos los tiempos”.
El viejo esquimal fue a sentarse, llamó a su nieto y le dijo de traerle a Lasky, su perro. Regresó en cuestiones de segundos y Marco quedó totalmente anonadado; el nieto del anciano y el lindo perro tenían los mismitos ojos azules, pero de un increíble azul, quizás más azul del azul de un cielo de verano...
El anciano acarició Lasky un largo rato mirándolo muy dulcemente y melancólicamente, parecían estar super conectados por los ojos y se percibía el gran amor que se guardaban uno al otro... Luego el anciano le puso la correa y lo entregó a Marco diciéndole: “Solo ve hacía donde él te diga, camina 6 horas, deja que Lasky coma y descanse luego sígalo por 6 horas más... Camina y reza para que dentro de tres noches el viento sople fuerte y envíe las nubes hacía los cielos de otros pueblos...".
Marco no estaba en su piel, excitado y algo asustado también, no sabía como agradecer el anciano, saludó a los presentes y se encaminó de inmediato, sin esperar que amaneciera... Siguió todas las indicaciones recibidas, se miraba en los ojos con el perro como ni siquiera había nunca hecho con sus novias. La gran exitación no le dejaba sentir ni el frío ni el cansancio. Jamás se le olvidó, mientras caminaba entre los bosques de pinos cargados de nieve, de rezar para que pudiera llegar al lugar indicado con el cielo despejado...
Su perseverancia fue premiada, su sacrificio no fue en vano, sus plegarias fueron escuchadas, porqué al caer la tercera noche, sentado al lado de Lasky en la orilla de una laguna helada, admiraba un cielo lleno de un sinnúmero de brillantísimas estrellas. ...Y mientras se preguntaba si había llegado al lugar correcto, como para contestarle, el cielo se le iluminó durante unos segundos de una magnifica luz verde que lo sorprendió a tal punto que ni se acordó de su cámara fotográfica...
Como pudo respirar y pensar de nuevo preparó su equipo, seguro que el show que había visto era solo una “entrada” de lo que le esperaba esta noche. Las Luces del Norte, a intervalos irregulares se le mostraron en todas sus posibles formas y colores, parecían ser hechas de un mágico polvo verde, pero luego azul, ...al rato, rojo y, finalmente, de un color púrpura tan maravilloso que ningún pintor lo hubiera podido inventar. Fueron decenas de albas boreales en una sola noche y quedaron grabadas en cientos de increíbles fotografías.
Ahora Marco estaba feliz... ahora si, podía decir que conocía las Luces del Norte, se sentía en confianza con ellas le pidió disculpas por haberse olvidado de ellas durante unos años y el permiso para enseñar al mundo sus fotos. Abrazó a Lasky como a su mejor amigo, quedaron dormidos unas horas y, al despertar, se encaminaron para el retorno...
Marco estaba lleno de alegría, caminaba lo más de prisa que podía, cantaba y jugaba con Lasky... pero la tanta felicidad de Marco iba a ser interrumpida... Regresando al pueblo, lleno de ganas de agradecer al anciano que le prestó el perro, aprendió que tres noches antes, éste había muerto. Cuando llegó a la casa para entregar a Lasky y a dar su pésame a la familia le contaron que jamás, antes, el anciano le había contado sus secretos sobre las Luces del Norte a nadie, que había confiado en él sintiendo que era un hombre de buen corazón y que, de seguro, lo hizo porqué sentía acercarse la muerte y no quería irse sin dejar su mensaje al mundo.
Marco se sintió feliz, triste, orgulloso, apenado... ni él podía decidirse... Abrazó a todo el mundo sin decir una palabra, recogió sus cosas y salió de la casa. Pero luego de unos pocos pasos fue alcanzado por el perro y el nieto del viejo esquimal que le dijo: “Llevate a Lasky contigo, nosotros acá tenemos muchos recuerdos de mi abuelo pero en tu mundo te hará falta compañía...”.
En un primer momento Marco no quiso aceptar pero luego pensó que era cierto que se iba a sentir solo de regreso a "la realidad", además vio la tanta y sincera insistencia del muchacho así como la dulce mirada del perro y terminó por acceder.
Empezaba a nevar cuando se dieron el último abrazo, se saludaron de lejos varias veces hasta cuando alcanzaron verse… luego, hasta sus figuras fueron despareciendo, perdiéndose en el blanco de la nieve que caía y desde aquel día, jamás se volvieron a ver.
Lasky vivió casi catorce años con Marco que vende todavía sus fotografías, pudo volver a comprar la casa de su papá y juró que jamás volvería a venderla.
En el Polo Norte, cada ves que aparecen las Luces del Norte, hay quién cuenta todavía que una noche de hace mucho tiempo, un viejo esquimal le dio una cita especial a un viajero venido del mundo "sin hielo"... Le prestó un perro para que lo guiara hasta la laguna del Bosque de Las Despedidas para que estuviera allí después de tres noches para presenciar como su alma saludaba sus queridos y dejaba la tierra para alcanzar sus ancestros en el ciel dejándo un mensaje de luz, esperanza y paz de llevar a toda la humanidad...
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